Espacio: Pasaje Franquet
Situación:  Calle Ciutat, 5


Sergi Roca y Nuria Hernandez son dos arquitectos formados en la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona. Sus respectivas carreras profesionales les han llevado a vivir a Londres donde han hallado respuesta creativa y profesional a todas sus pasiones como son, aparte de la arquitectura, el arte, la ciencia y el diseño de producto y moda. Han participado conjuntamente en concursos de arquitectura e intervenciones efímeras.

Sergi Roca, nacido y criado en Tortosa, trabajó en despachos de arquitectura reconocidos internacionalmente como EMBT, Pinearq y Batlle i Roig Arquitectes, donde desarrolló su faceta de proyectista a gran escala y paisajista. Actualmente reside en Londres y trabaja en la compañía americana HKS, reimaginando la experiencia del usuario en el sector del deporte y el entretenimiento.

Nuria Hernandez, de Barcelona, trabajaba en Batlle i Roig Arquitectes, pero cuando se dio cuenta que su vocación era más científica e investigadora, se trasladó a Londres para cursar un doctorado sobre neuroarquitectura, la ciencia que estudia la influencia que genera el entorno en el cerebro, en el estado de ánimo y en el comportamiento del ser humano. Actualmente, está centrando sus estudios en la influencia de la iluminación en personas situadas dentro del espectro autista. Nuria compagina la actividad académica con el diseño de productos y accesorios de moda para la marca propia, Kiwi+Pomelo.

El viento es un elemento muy característico de las Terres de l’Ebre que, aunque no es físicamente palpable, lo oímos y vemos cuando interactúa con elementos que mueve a su ritmo.

El viento habla con su lenguaje particular y el pasaje Franquet es el escenario idóneo para mostrarlo. Su geometría y orientación actuan como chimenea, forzando la entrada y salida de aire. Por este motivo, se propone realizar una escultura cinética con material ligero y reflectante, capaz de adaptarse al movimiento y a la velocidad del viento, dándole forma y voz. Una suave brisa es suficiente para activar este engranaje que cambia por completo la percepción del espacio. Tanto el movimiento de estos elementos, como el de sus sombras y reflejos sobre las superficies del pasaje y sobre los visitantes, provocan la inmersión total en una intervención que se encarga de fusionar arquitectura y elementos de la naturaleza.