Pablo Roel es de Barcelona. Arquitecto por el ETSAB desde el año 2003. Después de trabajar en Suiza y en Madrid comienza la actividad independiente con Eva Sánchez en Barcelona. Desde el 2007 compagina su actividad profesional con la docencia como profesor asociado de proyectos y urbanismo de la URV.

Eva Sánchez, nacida en Valencia, es arquitecta por la ETSAB desde el 2003. Después de trabajar en Suiza inicia la actividad independiente con Pablo Roel en Barcelona. Desde el 2011 compagina su actividad profesional con la docencia como profesora de dibujo técnico y matemáticas.

Toni Santiago, nacido en Vilafranca del Penedès, es arquitecto por el ETSAB desde el 2002 con amplia experiencia profesional en el desarrollo de proyectos y direcciones de obra pública y de infraestructuras. También ha estudiado en la Escuela de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona y ha cursado y realizado múltiples talleres de creación y representación artística como tutor. Actualmente desarrolla su actividad profesional como arquitecto e ilustrador en Barcelona.

El tiempo se escapa, a cada instante, inexorable, imposible de parar. Nos encontramos atrapados en su flujo, siempre adelante.

Efímero, aquella cosa más preciada por la humanidad. Mirando al cielo podemos percibir su fuerza, el movimiento de los pájaros, de las nubes y del firmamento. El hombre, en su obsesión, siempre ha mirado de atraparlo, controlarlo, estableciendo medidas relativas a su existencia basadas en los ciclos naturales de la luz, la noche y las estrellas. En el patio de Sant Jaume y Sant Maties parece que disminuya la velocidad, un espacio con tres ejes de simetría, donde las cuatro caras giran alrededor de un vacío a cielo abierto lleno de historia.

La intervención se sitúa en el mismo centro de este espacio, como una telaraña colgada que mira de atrapar el tiempo. Su estructura, formada por hilos entrelazados, recuerda la figura de un reloj de arena. Los hilos son dorados, como los gránulos de arena, y conducen la luz y sus reflejos durante las transiciones del día, atrapándolos a la telaraña.

“28 Minutos” es la clave de la telaraña, el vórtice generado por la traslación de 360 hilos conectados a dos círculos inscritos a los niveles intermedios del patio. Esta traslación permite doblar el espacio para hacerlo pasar, sin cerrarlo, a través del óculo central. La máxima concentración de materia está suspendida en medio del vacío. El tiempo, a pesar de ser imposible de parar, es atraído por la aceleración del agujero del óculo, dilatándose, como nuestra mirada, entre el cielo y la tierra.

*Colaboran en la ejecución de la instalación Joel Rodríguez y Oriol Auqué.